Setiembre pinta al mundo de amarillo: prevención y sensibilización sobre la conducta suicida adolescente

El suicidio adolescente constituye un fenómeno que interpela a los diversos actores involucrados en esta etapa vital y a la comunidad en su conjunto. Su comprensión demanda considerar aspectos subjetivos, familiares, vinculares, institucionales, culturales y socioeconómicos. La conducta suicida no puede reducirse a un acontecimiento aislado ni explicarse mediante una única causa, sino que debe comprenderse como el resultado de múltiples procesos que interactúan a lo largo del desarrollo adolescente.

La adolescencia es una etapa de particular vulnerabilidad, atravesada por profundas transformaciones (corporales, psicológicas y relacionales, entre otras) en la que adquieren especial relevancia la construcción de la identidad, el sentimiento de pertenencia, el reconocimiento por parte de los pares, la autonomía progresiva y la elaboración de nuevas formas de vinculación con el mundo adulto.

El aislamiento social, la violencia, el acoso escolar y digital, las experiencias de discriminación, los conflictos familiares persistentes, las pérdidas significativas, la desesperanza o la presencia de sufrimiento psíquico intenso, pueden incrementar la vulnerabilidad. Y más aún cuando son escasos o nulos los recursos personales, familiares, comunitarios o institucionales para detectar estas situaciones, abordarlas y acompañarlas.

La posibilidad de los adolescentes de comunicar el malestar emocional depende, en buena medida, de la existencia de adultos e instituciones capaces de escucharlos sin minimizar, moralizar o interpretar sus palabras. Las expresiones de desesperanza, aislamiento progresivo, cambios significativos en el comportamiento, hábitos y rutinas. También el abandono de actividades que antes eran significativas, las verbalizaciones relacionadas con la muerte o la percepción de constituir una carga para los demás. Todas estas son cosas que requieren de atención y una adecuada valoración del riesgo.

Las acciones de prevención de la conducta suicida adolescente deben comprenderse dentro de sistemas relacionales que pueden constituirse tanto en fuentes de vulnerabilidad como en factores protectores. La familia, los centros educativos, los pares, los prestadores de salud y las políticas públicas resultan esenciales para garantizar condiciones favorables de detección, intervención y acompañamiento, sobre todo cuando funcionan de manera coordinada. La prevención demanda comunidades capaces de reconocer el sufrimiento y los sistemas de atención accesibles que puedan responder oportunamente cuando un adolescente solicita ayuda. Es indispensable construir condiciones sociales, familiares e institucionales en las que los adolescentes puedan expresar su sufrimiento y encontrar respuestas antes de que la muerte se perciba como la única alternativa posible para mitigar un dolor que se ha tornado intolerable.

En la comprensión contemporánea de la conducta suicida adolescente resulta imprescindible incorporar el espacio virtual como una extensión de los escenarios de socialización, pertenencia y construcción identitaria. Las redes sociales y otros entornos digitales no constituyen, por sí mismos, factores de riesgo o de protección; sus efectos dependen de las modalidades de uso, las características individuales y las condiciones psicosociales en las que se inscriben. El ciberacoso, la exposición a ciertos contenidos, la comparación social y determinadas formas de uso problemático pueden incrementar la vulnerabilidad.

Sin embargo, los entornos digitales también pueden facilitar vínculos de pertenencia, acceso a información y oportunidades para solicitar ayuda. La prevención debe, por tanto, extenderse hacia los territorios digitales habitados por los adolescentes, promoviendo la alfabetización digital, la identificación de contenidos potencialmente perjudiciales y estrategias de comunicación responsable que permitan transformar estos espacios también en lugares de cuidado, escucha y prevención.

La magnitud epidemiológica del problema nos impone una mirada prioritaria. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año y señala que constituye la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años.

En nuestro país, el Ministerio de Salud Pública (MSP) considera el riesgo suicida una de las problemáticas de mayor relevancia para la salud de adolescentes y jóvenes, buscando potenciar acciones de detección, prevención y abordaje.

Es en este escenario donde adquiere especial relevancia Setiembre Amarillo, como una instancia de sensibilización y prevención del suicidio. Durante este mes, y particularmente en el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, conmemorado cada 10 de septiembre, se intensifican las acciones destinadas a promover iniciativas que permitan un intercambio social responsable, favorecer el reconocimiento temprano de situaciones de riesgo, difundir recursos de ayuda y fortalecer la capacidad de las comunidades para responder frente al sufrimiento psíquico.

La comunicación constituye, en este sentido, una dimensión central de la prevención. No se trata simplemente de hablar sobre suicidio, sino de lograr una comunicación preventiva capaz de visibilizar alternativas de ayuda y fortalecer factores protectores como la pertenencia social, los vínculos significativos y el acceso temprano a los servicios de salud mental. En la etapa adolescente, esto requiere fortalecer los espacios cotidianos de socialización y capacitar a referentes adultos, equipos educativos y profesionales de la salud, para poder reconocer situaciones de vulnerabilidad y responder adecuadamente.

Prevenir el suicidio adolescente implica construir espacios donde el sufrimiento emocional pueda ser nombrado, escuchado y acompañado antes de transformarse en desesperanza. Setiembre pinta al mundo de amarillo para recordarnos que la prevención no pertenece únicamente a los sistemas de salud, sino que constituye una responsabilidad colectiva que debe sostenerse durante todo el año.

 

«Usted sabe que puede contar conmigo, no hasta dos o hasta diez, sino contar conmigo».

Mario Benedetti

 

Comité de Adolescencia – Sociedad Uruguaya de Pediatría

Referencias

* Ministerio de Salud Pública. (2023). El suicidio adolescente en Uruguay: un asunto de salud pública. Ministerio de Salud Pública, República Oriental del Uruguay.

* Ministerio de Salud Pública. (2025, 17 de julio). Suicidios en Uruguay: nueva orientación de las políticas públicas ante evolución negativa. Ministerio de Salud Pública, República Oriental del Uruguay.

* Organización Mundial de la Salud. (2025). La salud mental de los adolescentes. Organización Mundial de la Salud.

* Organización Mundial de la Salud. (2025). Suicidio. Organización Mundial de la Salud.

* Organización Panamericana de la Salud. (2026). Suicide among adolescents and young adults on the rise in the Americas: PAHO warns of urgent need for prevention. Organización Panamericana de la Salud.